martes, 30 de septiembre de 2008

Kowai, sensei, kowai...

Otro día aburrido, lleno de lluvia por todas partes. Nada serio, sólo esa lluvia fina y cutre que te quita las ganas de ir a ninguna parte. Conclusión: no tengo gran cosa que contar, pero aún así han pasado cosas. En primer lugar, nos han comentado algunas cosas más sobre el maxi-examen del lunes, cosas que se quedaron en el tintero ayer. Para empezar, sólo los de las clases A1a (la mía) y tal vez de la A1b podrán pasar a la otra escuela de sacar buena nota en el examen. Pensaréis que mejor, porque hay menos competencia, ¿verdad? Pues la competencia es lo de menos: veo serias dificultades en que ninguno de nosotros saque buena nota en el examen, por una sencilla razón: el examen cubre las 6 primeras lecciones de gramática y las 10 primeras de kanji, y en nuestra clase (que es la más avanzada del grupo de principiantes) sólo hemos visto 3 lecciones de gramática y 5 de kanji. La mitad justa. Y encima, la mitad fácil. No os confundáis: sigo en mis trece de pasar a la otra escuela, pero si ayer creía que tendría que currármelo, hoy ya me he quedado sin palabras. Estamos hablando de 100 páginas de gramática y 50 de kanji, más lo que ya sabemos, para el lunes. Y eso no es todo: el examen escrito es sólo el principio, luego hay un examen oral de 10 minutos. Lo único bueno es que el examen oral no es cara-a-cara, sino en grupo, así que nos soltaremos un poco más, espero, pero aún así las vamos a pasar canutas los que queramos pasar a la otra escuela. Hay otra opción: es perfectamente factible hacer el examen de lo que llevamos visto y, si lo haces bien, te colocan en un grupo más avanzado que el tuyo, dentro de las clases de principiantes. Lo que pasa es que, en el mejor de los casos, eso significa seguir donde estamos, y algunos de nosotros (los que queremos hablar japonés, vamos) queremos más.

Después de nuestras dos horitas de clase hemos tenido una conferencia sobre Toyota llevada a cabo por un alto responsable de la compañía, la cual ha resultado interesante por dos razones: primero, porque al parecer soy de los pocos que no sabían todas las cosas chulas que ha hecho Toyota para mejorar sus sistemas de producción (lo llaman el Toyota Way); y segundo porque ha sido el primer conferenciante japonés que hemos tenido que no paraba cada tres palabras para pensarse la siguiente. Supongo que el hecho de que tuviera toda la conferencia escrita ha ayudado, pero aún así se ha hecho más llevadero que las anteriores. Además, en la conferencia hemos comprobado una vez más por qué no hay paro en Japón: todo el mundo tiene un trabajo, aunque sea absurdo. El conferenciante iba acompañado del típico subalterno cuya única misión era seguir la conferencia en una copia escrita mientras el otro iba hablando, y pulsar el botón de "siguiente diapositiva" en el momento oportuno. Ah, y reírle los chistes al jefe, claro. Porque ha soltado chistes. O eso creo, al menos el subalterno se ha reído como una hiena un par de veces. Es lo que pasa por llevar aquí tan poco tiempo: aún no entiendo el humor japonés.

En otro orden de cosas, y siguiendo con mi manía del reciclaje, esta noche he encontrado en el depósito de reciclaje de mi residencia un tomo nuevecito de la Shounen Jump (una revista tamaño guía telefónica con varios capítulos de distintos mangas), del cual me he apropiado convenientemente. Tiene furigana (ayudas a la lectura de los kanjis) por todos lados, así que me puede ser útil, o al menos tan útil como puede ser algo que soy incapaz de leer... de momento. Como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Ya os contaré mis avances, si los hay. Un abrazo.

Humor: Asustadito. Un libro: "Fundamental Japanese for Expressing Ideas", posiblemente el peor libro de gramática japonesa que existe.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Oshiete, kudasai

Un día normalito, del que sólo vale la pena reseñar un par de cosas. La primera, está haciendo a hacer frío. Mucho frío. Demasiado. Y da miedo, porque si estamos así ahora, no quiero ni imaginarme diciembre (fun, fun, fun). En fin, mi compañero koreano de la residencia (Ku, para los amigos) me ha dicho que hay por aquí cerca una tienda de ropa barata, llamada (no os riáis) Unikulo (vale, ya podéis reíros). Ya la visitaré un día de estos, porque me he traído camisetas de manga corta y camisas de manga larga, pero no tengo nada que pueda usar en plan informal ahora mismo. Y una gabardina, maldita sea.

Otra cosa: hoy nos han dicho que el lunes que viene vamos a hacer un mega-exámen de todo lo visto, el cual decidirá quién se va a la escuela avanzada y quién no. Hay 3 ó 4 puestos en la escuela avanzada y nos van a hacer el mismo examen a todas las clases, así que los que queden primeros se irán. Sinceramente, no tengo ni idea de si podré seguir el ritmo de la otra escuela, pero mi principal motivo cuando vine a Japón era aprender japonés, así que pienso currármelo. Si no lo consigo, bueno, qué se le va a hacer, pero si lo consigo, no sólo aprenderé (espero) más deprisa, sino que encima estaré casi media hora más cerca de casa, y además (modo friki on) a dos pasos de Akiba (modo friki off). Vamos, que puede estar muy bien, pero que me lo voy a tener que currar seriamente.

Una anécdota: hoy, por estar lloviendo, he vuelto temprano a casa, y se me ha ocurrido llamar a Ku para cenar. Cuando íbamos a bajar a ello, nos hemos cruzado con el único otro residente que habla inglés, un señor cuyo nombre no recuerdo pero que es supersimpático, que nos ha explicado que se ha pasado varios días de viaje, en Lisboa (toma ya casualidad), atendiendo conferencias y demás. En fin, por si no lo sabéis, entre los japoneses es costumbre traer recuerdos pequeños y baratos pero representativos de los viajes. Este caballero se ha traído tabletas de chocolate, y nos ha regalado un par a Ku y a mí. Como sigo sin internet decente no puedo mandaros foto, pero os puedo decir que la tableta pone "Chocolate para culinária". Sí, chocolate de cocina, o como lo conocemos nosotros, de cobertura. Sigue siendo chocolate, que, por ser quien soy, es algo que se aprecia enormemente. En fin, después de casi dos horas conversando con Ku acerca de mis (cuasi inexistentes) conocimientos de japonés y de lo que espero conseguir con ellos, nos hemos retirado para el asunto del descanso. Buenas noches, y buena suerte.

Humor: examenimorfo. Una bebida: el agua (de lluvia).

domingo, 28 de septiembre de 2008

Nonde, nonde kudasai

Otro día dedicado al estudio en dosis masivas. Como después de todo esto no logre entenderme en una tienda, me corto las venas. Además, una mala noticia: la red de mi vecino (el amable caballero que me deja conectarme a internet) se ha caído, así que estoy aislado. De hecho, ahora mismo estoy en la sala de lavadoras, que tiene un balcón en el que se coge otra red, pero comprenderéis que en esta situación no aguantaré mucho tiempo. Mi idea es esperar un par de días, y si el martes la cosa sigue igual me compraré el cacharrito ese del internet mobile, que aunque tenga que pagar 6000Y al mes es más fiable. En fin, al grano: como hoy no hay nada interesante, toca sesión de curiosidades.

Puede que ya sepáis (y si no, os lo digo yo) que Japón es el país con mayor cantidad de máquinas expendedoras del mundo. Están por todas partes, en cualquier calle de cualquier barrio puedes encontrar varias, ofreciendo casi siempre bebidas, ya sean refrescos, energéticas o alcohólicas, pero las hay más raras, como máquinas de comida o de (atención) paraguas. Yo no he visto, pero uno de mis compañeros se compró su paraguas en una máquina expendedora, y, francamente, no me cuesta mucho trabajo creérmelo.

¿Alguno ha visto "Lost in Translation"? Los que la hayáis visto y os haya gustado, como yo, recordaréis la mítica frase que Bill Murray repite una y otra vez en su anuncio, "un momento de relax es un momento Suntory", justo antes de pegarse un lingotazo de whisky. Yo pensaba que era algo inventado, como tantas otras cosas, pero desde que llegué a Japón he visto montones de máquinas expendedoras que venden refrescos de esta marca. Suntory no vende sólo whisky, sino agua, zumos, café... prácticamente cualquier bebida medio típica la puedes encontrar en versión Suntory... lo que ha provocado bastantes risas entre los que conocíamos la película, como os podéis imaginar.

Por cierto, hace tiempo visité un blog en el que se podían ver cosas realmente raras, como a Arnold Schwarzenegger (el Chuache, para entendernos) anunciando bebidas energéticas en japonés (buscad en Youtube si no me creéis). La bebida en cuestión se llama "Arinamin-V", y el anuncio tiene ya chorrocientos años. Pues aún existe. Y se vende. Y parece que cada cierto tiempo se traen a gente famosa para promocionarla. Si es que, lo que no se les ocurra a los japos... Cuando me quede sin tema para hablar de las cosas raras que tienen, hablaré de las cosas raras que hacen, que eso también dará para mucho. Hasta entonces, un abrazo.

Humor: necesito acción. Una fruta: la piña.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Segunda parte...

Bueno, tal y como os dije ayer, hoy me he pasado el día en casa, estudiando. Nada nuevo, así que seguiré donde lo dejé: en la maravillosa tierra de Akiba.

Lo cierto es que lo que os conté ayer no fueron más que anécdotas: lo que realmente estuve viendo en profundidad (y en lo que se nos fue a Emilio y a mí gran parte del día) fue en ver muñecos. Estoy hablando sobre todo de muñecos de series de anime, pero los había de todo tipo, incluso algunos de películas y cosas así. Os pondré un ejemplo: una de las tiendas que visitamos tenía 4 pisos, contando la planta baja. En ésta encontramos muñecos de robots (para los que sepáis del tema: Gundam). Subimos al segundo piso (acordaos de que aquí el primer piso es la misma planta baja) y encontramos muñecos de series de anime, pero sólo de unas cuantas: Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco, en España), Soul Eater, Bola de Dragón, ese tipo de series. Subimos al cuarto y encontramos muñecos de otras series: Code Geass, Ultraman (hay cientos de cosas de Ultraman, pese a la enormidad de años que tiene) y otras cosas. Y en la cuarta planta hay muñecos extranjeros, como figuras de personajes de películas (Terminator, Darkman, Austin Powers) y lo que no son películas (luchadores de WWE y cosas así), así como secciones enteras dedicadas a Akira o Star Wars. En otra tienda diferente nos encontramos rodeados de figuras de Gundam por todas partes, y luego encontramos otra tienda que dedicaba la mitad de su espacio a figuras de Final Fantasy.


Cuando nos quedamos sin tiendas de muñecos por mirar (o eso creemos) nos metimos en un edificio de recreativas, para ver a qué juegan los japoneses. Sinceramente, no estaba preparado para lo que vi allí, pero refleja perfectamente el carácter japonés: siempre pasando de un extremo a otro. Me explico: ¿conocéis esas máquinas antiguas que consisten en una grúa con la que hay que coger cosas dentro de una urna? Bueno, pues ahora imaginaos un edificio de 6 plantas en las que las dos primeras están llenas de máquinas de ese tipo. Vamos, que da la impresión de vivir en los años 80. Luego subes un piso, y te encuentras con gente jugando a las máquinas recreativas de toda la vida: Street Fighter, Tekken, cosas así. Luego subes otro piso, y te encuentras con gente jugando... a las cartas.


Os explico cómo funciona esto: uno se compra paquetes de cartas, como si fueran de Magic, y cada carta es un personaje, o una unidad, o lo que sea. Luego pones esas cartas sobre la mesa, la mesa reconoce qué es cada carta, y saca a esos personajes dentro del juego. Pueden ser personajes de un juego de rol, o jugadores de un juego de fútbol, o unidades de un juego de estrategia militar. El jugador va moviendo las cartas sobre la mesa, orientándolas o situándolas en ciertos puntos de la mesa, y así se juega. Algunos llevan también una especie de joystick a la izquierda para mover a los personajes. ¿Os parece el futuro? Pues eso no es todo...


El último piso, una sala repleta de estas urnas blancas con gente dentro. Los habréis visto en España, como yo, pero al menos yo nunca había visto una sala llena de ellos. Y menos aún con los juegos que traen. No son de tiros, ni de pilotar naves: son FPS (para los no-iniciados: vista en primera persona del personaje) en los que manejas a un tipo (o a un robot, o a lo que sea) que va por ahí andando y saltando. Como diría alguien que yo me sé, "nos llevan siglos de ventaja".

Después de eso no hicimos gran cosa: nos fuimos a Shinjuku a ver más videojuegos, luego a Shibuya a esperar al resto para ir a cenar, y luego a Suehirocho para la cena propiamente dicha. Y he dicho estos nombres de memoria, lo que me asombra en gran medida, porque significa dos cosas: que empiezan a sonarme bien los palabros japoneses, y que por fin empiezo a conocer partes de la ciudad.

Humor: kanjiforme. Una forma: la estrella.

PS: Debería darme vergüenza, casi no os enseño mis compras de ayer. A los neófitos en el tema les parecerán un montón de muñequitos, pero a lo mejor esto lo lee alguno que sepa qué son los muñequitos, y se asombra ligeramente al saber que, entre todos, me han costado menos de 30e.

Por cierto, el gashopon del medio es Kaori, de Rurouni Kenshin, y la bolsa de la derecha es una colección completa de muñecos de Soul Eater, que no he abierto porque tampoco sabría dónde ponerlos. Igual cuando me mude...

Akibaaaaaa...

Hoy ha sido, sin duda, el día más friki desde que vine a Japón, y a la vez uno que estaba esperando desde hacía tiempo. Hoy me he pasado el día con Emilio en Akihabara, mirando y comprando muñecos. Sí, lo sé. Sea lo que sea lo que vayais a decir, ya me lo han dicho antes, y me da igual. Sé que es envidia.

Primero, algunas aclaraciones sobre Akihabara (en adelante y para siempre, Akiba). Si habéis oído hablar de ella, es más pequeña de lo que creéis, porque son sólo un par de calles no demasiado largas. Si creéis que es pequeña, os equivocáis, porque cada tienda tiene varios pisos llenos a rebosar de cosas. A Akiba se la conoce como la “Ciudad Eléctrica”, porque muchas de las tiendas son de electrónica, tanto de bajo nivel (transistores y microchips) como de alto (ordenadores y electrodomésticos), pero la parte que hoy me interesaba es la otra, la Akiba dedicada a la cultura otaku, que se subdivide en otras dos partes: consolas y juguetes. Las tiendas de consolas son... cómo decirlo... un viaje en el tiempo. Las hay de juegos de NDS y PS3, claro, pero lo que he visto hoy es... bueno, vedlo vosotros.


Son juegos de SNES. Y lo de arriba es el Mario Kart original. Y he visto cosas parecidas con GB y Famicom (la NES japonesa). Y los precios son de risa: ¿alguien quiere una SNES por 12 euros? ¿Y una GameCube por el mismo precio?

Luego está el Yodobashi Camera, una tienda del tamaño del Corte Inglés pero sólo de electrónica: móviles, videojuegos, electrodomésticos... y en el último piso juguetes, entre los cuales a Emilio le hizo especial ilusión uno en particular...


¿Sabéis lo que son los gashopones? Son unos muñequitos pequeños que salen en máquinas expendedoras, como un huevo Kinder pero pasando del chocolate. Bueno, digo pequeños pero los hay de varios tamaños, desde un par de cm, para colgar del móvil, hasta casi 10cm de alto. Bueno, pues ayer probé en una máquina de Lucky Star (una gozada de serie, recomendación de la casa) y me salió mi personaje favorito, así que hoy he decidido probar suerte tanto en máquinas de esa misma serie como de otras, con excelentes resultados. De hecho, creo que hoy he agotado toda la suerte que me quedaba hasta finales de año, por lo menos: de 5 que me he comprado, 2 me han salido ediciones especiales, y he encontrado una tercera edición especial en una tienda por 80Y más. Pero me estoy adelantando... El caso es que hay tiendas enteras de muñecos, de todos los tamaños, formas y épocas. Sí, épocas: me he encontrado hasta un Batman de la época de la serie de actores reales. Lo malo es que estaba justo enfrente del dependiente y en esas tiendas no se pueden hacer fotos, pero creedme: algunas cosas daban miedo.


El día de hoy da material para dos entradas, y como mañana no voy a hacer nada interesante, prefiero irme a dormir ya. No os perdáis la interesante conclusión de “Aventuras en Akiba”, a la misma hora, en el mismo canal.

Humor: “animado”. Una frase: “He visto cosas que vosotros no creeríais...”

jueves, 25 de septiembre de 2008

Denwa bango wa chigaimasu

El día ha empezado y terminado de forma curiosa. De hecho, estoy por saltarme lo de en medio, pero entonces no escribiría nada.

Nada más despertarme me ha llamado alguien al móvil. En japonés. Se habían equivocado, evidentemente, pero hasta que he logrado hacerle entender que no sólo se había equivocado sino que encima no hablaba su idioma, ha habido algunos momentos bastante embarazosos. Lo malo es que luego se me han ocurrido montones de maneras de decirle en japonés que se había equivocado, pero qué queréis: recién levantado y sin desayunar no carburo demasiado fino. Ya me cuesta lo mío en mis buenos momentos, así que imaginaos...

Antes de ir a clase he pasado por el ayuntamiento a recoger mi nuevo DNI: la tarjeta de residente extranjero o, como se conoce comúnmente, Gaijin Card. Tiene su gracia la cosa: vienen tanto mi dirección en España como la que tengo aquí; la japonesa viene entera escrita con un montón de kanjis, y en la española pone, literalmente, esto: “Carretera. Cartagena (Murcia)”. En España, vivo en la carretera. Estoy por no volver.


La clase, normal, pero se ha hecho cansada entre otras cosas porque esta semana nos han malacostumbrado mucho. En total, esta semana hemos tenido 9 horas de clase, de las cuales 5 han sido hoy. Y por si eso fuera poco, doblete de exámenes: kanji y gramática. Os aseguro que desde que iba a EGB no tenía que cuidar tanto mi letra: ya me han llamado la atención varias veces por lo mal que escribo. Y pensar en lo contento que me puse cuando entré en la universidad y me dije “Por fin se acabaron los exámenes de desarrollo”. Pues toma. Todas las semanas. Y en japonés.

Al final del día nos hemos dividido: unos se han ido a Shinjuku a ver libros y a cenar, otros nos hemos vuelto a casa. Me alegro de estar en el segundo grupo, porque la cena de hoy ha sido, con diferencia, lo mejor que he comido desde que llegué a Japón. Ojalá supiera preguntar qué rábanos era. Lo único que sé es que era tempura (pescado y verduras rebozadas) y que había que mojarlo en una salsa marrón que sólo sé que no era soja. Espero que me lo vuelvan a poner antes de que me vaya, y que para entonces sepa algo más de japonés: ahora mismo podría preguntar qué era sin problemas, pero a ver quién es el guapo que entiende la respuesta.

Humor: Cocinillas. Una canción: Motteke! Sailor Fuku, opening de Lucky Star.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Sumou wa sugoi, ne? Hai, hai...

Voy a saltarme las dos horas de clase que hemos tenido esta mañana y voy a ir directamente a lo interesante: el sumo. Venga, haced el chiste: “¿De naranja o de piña?” ¿Contentos? Bien. Ahora, pasemos al tema. Resulta que hoy, en plan cultural, íbamos a ver un torneo de sumo. Para ambientarnos bien en el tema, lo primero era, evidentemente, experimentar la comida de los luchadores de sumo. Para eso nos fuimos a un restaurante cercano al lugar del torneo, y nos pusieron delante esto:


¿Cómo se os queda el cuerpo? Bueno, os explico lo que había, que tiene miga. Primero, unos trozos de cerdo y patatas asadas. Mientras nos comíamos eso, se calentaba lo que había en la cazuela, que en este caso eran unas verduras, gelatina animal y trozos de carne de pollo con piel. Sí, comen eso. Luego, para terminar, se coge el caldo donde estaban los trozos de pollo y se echan dentro unos fideos gordísimos, se deja que se calienten y se comen también. Salimos a reventar, listos para la segunda parte de la experiencia.


El torneo. Antes de que os lo explique, imaginadlo. A ver si lo adivino: varios luchadores, peleando uno contra uno al mejor de tres o de cinco, y el que gana en cada ronda lucha en la siguiente. ¿Os habéis imaginado algo así? Pues no. Os cuento: los sumos van viajando de ciudad en ciudad, y en cada sitio se enfrentan uno contra uno según un listado, pero ninguno pelea dos veces. Simplemente, si ganan suben de categoría para el siguiente combate. Eso quiere decir que cuando uno va a ver un torneo de estos, no va a ver si gana uno en concreto, sino que vas a verlos a todos. Y luego está el tema del tiempo, claro.


Estuvimos allí desde las 3 hasta las 6 de la tarde. Se libraron 32 combates. Si quitamos un cuarto de hora en plan preliminares y presentaciones, tenemos unos buenos 5 minutos por combate. Ahora viene lo bueno: el combate más largo que vimos no llegaba al minuto y medio, y la mayoría (y con esto me refiero a cerca del 90%) se resolvían en menos de ¡10 segundos! El combate final, supuestamente entre los dos mejores luchadores del grupo, se decidió en 3 segundos. ¿Que en qué se va el resto del tiempo? En rituales. Cada vez que dos luchadores van a pelear, primero suben al ring, luego se saludan desde extremos opuestos del círculo, luego echan sal al suelo, se agachan uno frente a otro, vuelven a echar sal, vuelven a enfrentarse, se secan el sudor con una toalla y LUEGO se agachan para, por fin, luchar entre ellos. ¿Suena desesperante? Lo es. Mucho. Primero lucharon los malos, y era tremendamente aburrido. Luego empezaron a luchar los buenos, y la cosa se animó un poco, pero cuando has visto los saludos y la sal 30 veces, estás hasta las narices. Pero bueno, la verdad es que ha merecido la pena: es algo que hay que ver, y me ha gustado. Se ha hecho largo, pero me ha gustado. Eso sí, no esperéis volver a leer nada sobre el sumo en este blog, porque el que suscribe no piensa volver a ir a algo así.


Humor: empujador. Una frase: “Es casi tan divertido como ver el canal de 'Ver secarse la pintura'”.

martes, 23 de septiembre de 2008

Umi e ikuyo!

Tal y como dije ayer, hoy me he pasado el día en la playa. Alguno se ha preguntado que cómo es eso de que un día escribo que está diluviando, pero al siguiente me voy a la playa. Muy sencillo. Allí, en España, todos estáis acostumbrados a que el tiempo cambie despacito, o más bien a que no cambie en absoluto. Aquí, el tiempo cambia cada día, y a veces más de una vez al día. El tifón, por ejemplo, pasó de noche y desapercibido, la noche anterior diluviaba, al día siguiente un sol de justicia, y esa misma tarde nublado. Hoy, por ejemplo, ha amanecido nublado, se ha despejado a media mañana hasta las 3 de la tarde o así, y luego se ha nublado otra vez. Pero me estoy adelantando...

La playa a la que hemos ido está en Zushi, al sudoeste de Tokyo. Tiempo estimado de trayecto: una hora y media para llegar al Hachiko de Shibuya, media hora para que aparezca el resto de la gente, otra hora para llegar al sitio en cuestión. El nombre de la ciudad no es una broma ni una casualidad: como buena ciudad costera, para llegar a la playa tuvimos que atravesar una calle con tropecientos carteles de sushi. La playa, una gozada. Pero claro, yo estoy acostumbrado al Mar Menor: me pones delante la playa de Matasuegras del Fuencarral y te digo que parece la Costa Molona. No era muy grande, pero había poca gente si descontamos a los tropecientos windsurfistas que estaban ahí exhibiéndose (y nunca mejor dicho, porque no hacía nada de viento). Al principio estábamos los 5 ó 6 que habíamos llegado de Tokyo y un puñado de gente de la Keio (la universidad en la que están Luis y Marta, los de Kamakura). Luego fueron llegando más de los nuestros, y la cosa se animó bastante. ¿Cómo? Pues cómo va a ser: a base de fútbol, el deporte de los campeones. De los campeones, sí. Los que no somos campeones nos quedamos hablando ;)

Hay que reconocer que los de la Keio se lo montan la mar de bien: hay gente de sopotocientos países distintos, algunos que no tienen ni papa de japonés (como vuestro servidor) y otros que llevan aquí ya varios años y controlan lo que no está dicho. Particularmente me ha llamado la atención Ram (al que yo me empeñaba en llamar Sam), un chico indio que ha vivido en los EEUU toda su vida, que ha estudiado español durante 12 años, que ha vivido en Italia y que ahora lleva un año en Japón. El idioma que no conozca este tío no merece la pena aprenderlo. Nos hemos puesto en plan intercambio cultural: él practicando su español, que lo tiene (según él) bastante oxidado, y yo aprendiendo cositas en japonés. Espero que nos veamos más menudo.

Una vez más, como en todos estos casos, no me llevé la cámara. Gomen, gomen. Siento deciros que aún no me pasa eso que hacen algunos de llevar la cámara a todas partes para subir fotos a su blog. Llevo escribiendo esto menos de un mes, y francamente, tampoco estoy acostumbrado a fotografiar todo lo que me encuentro, así que sabréis disculparme, espero. Dadme tiempo para aprender el oficio ;)

Humor: arenoso y salado. Una canción: “I Love Rock & Roll”, de Joan Jett.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Con vaqueros y a lo loco

Otra vez lunes, otra vez clase... pero poco. Esta semana la tenemos bastante flojilla en cuestión de clases, pero no voy a ser yo quien se queje. Os cuento: hoy tenemos conferencia, lo que significa que sólo tenemos un par de horas de clase; mañana es el equinoccio de otoño, y como todo el mundo sabe en los equinoccios no se trabaja; el miércoles nos vamos a ver un combate de sumo, en plan “cultura”; el jueves es el único día normal de curso; y el viernes hay algunos que se tienen que ir a visitar a sus empresas, así que los que no nos toca tenemos fiesta, no vaya a ser que nos adelantemos mucho a los demás. Joder, ni que fuéramos españoles...

Lo único reseñable del día de hoy es que había que ir de traje, porque después de la conferencia íbamos a ir a visitar el centro de la UE para que nos siguieran hablando de su grandiosa labor. ¿Que por qué es esto reseñable? Pues porque, como no podía ser de otra manera, a mí se me olvidó que hoy tocaba traje, y me he ido a clase en vaqueros y, como hacía frío, camisa y jersey amarillo limón. Y menos mal que hacía frío y me he puesto la camisa, que si no voy en camiseta y ahí sí que no tengo arreglo. Un compañero me ha dejado una corbata extra que tenía, y así he ido al centro, con dos narices. Una vez más no tengo fotos del evento, pero nos hemos hecho un par bastante chulas, ya os las pondré.

He llegado a casa con el tiempo justo de cenar en la resi: hoy tocaba una especie de cosa marrón semilíquida que, al parecer, había que echar por encima del arroz y comérselo todo junto con cuchara. Por la pinta parecía curry, pero no sabía picante, así que a saber lo que sería. En fin, con hambre todo está bueno. Lo malo es que llevo ya sobrecarga de arroz en el cuerpo, así que mañana voy a ver si cambio la dieta. No me será difícil, porque el plan es irnos a la playa, si hace bueno. Ya os contaré qué tal. Mimitos y abrazos.

Humor: entusiasta. Una necesidad: azúcar, montañas de azúcar...

PS: Ha llegado a mis orejas que hay familiares de mis apañeros vulcanianos leyendo esto. Debería daros vergüenza, leyendo los diarios de otras personas...

Nah, es broma. De todas formas, esto empezó como una forma de que mis conocidos supieran de mis andanzas, así que si esto lo lee alguien que yo no conozca, le pido que deje algún comentario. No voy a callarme nada de lo que quiera decir, pero soy curioso por naturaleza, y me gusta saber qué clase de gente lee el rollo este. Si os apetece, claro ;)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Curioseando...

Hoy no hay mucho que contar. Me he pasado el día estudiando, en parte porque no hay ganas de salir y en parte porque hoy está cayendo todo lo que no cayó ayer. Me he pasado el día estudiando japonés, que buena falta me hacía, y no tengo nada que contaros. ¿Sabéis lo que significa eso?

¡Exacto! ¡Es día de curiosidades!

Empezaremos por una chorradilla que aún no os he enseñado: el sitio donde vivo.

Aquí podéis ver el sitio por fuera. Cuando entras no hay llave, sino una cerradura electrónica con contraseña. Cuando la metes puedes entrar a un zapatero donde te cambias los zapatos de calle por unas zapatillas que me ha dejado el dueño del edificio.


Aquí podéis ver el salón (con tele, manga, libros y sofases) y la cocina donde, de vez en cuando, ceno. De desayunar, ni hablar.

Subiendo al segundo piso (lo que en España sería el primero, porque aquí el piso 1 es la planta baja) se llega a mi cuarto.

No es muy grande, pero para lo que lo uso (cuartel general para planes de conquista mundial y esas cosas) me vale. Ah, y aquí una vista de mi fabulosa antena de internet totalmente legal, convenientemente protegida contra las inclemencias del tiempo.


Otra cosa: Ya os he contado que aquí los animales e insectos campan a sus anchas, sin que nadie los moleste, ¿verdad? Os quedará claro cuando veáis esto:

Es un avispero, a 10 metros de la entrada de mi casa, frente a una manzana de casas, a la altura del brazo y a la vista. ¿Os imagináis cuánto duraría una cosa así en España? Yo os lo diré: un milipiedrosegundo, o sea, el tiempo mínimo necesario para lanzar una piedra. Relacionado con esto, el otro día estaba yendo a clase tan tranquilo, en el metro, leyendo los apuntes, cuando me veo algo raro en el pie. Miro y...

“¡Un bicho!”, diréis. Creo que es una chicharra, pero no me hagáis mucho caso. Bueno, pues se pasó pegada a mi pie todo el rato. Cuando llegué a mi estación, estuve andando como 5 minutos con el pobre animalito colgando, hasta que salí a la calle y lo dejé junto a un árbol. Lo dicho, que los animales de Japón son un reflejo de los japoneses: confiados hasta el final.

Para finalizar por hoy, una muestra de la moda japonesa. A este elemento lo cazamos en Kamakura, mientras descansábamos los pies tras la comida. No digo nada, que la foto lo dice todo. Nos vemos mañana.


Humor: Pues la mar de contento, para qué engañarnos. Una canción: el tema de “Saw”.

Para ESTO es para lo que sirve el japonés

Bueno, ayer no escribí nada en el blog. Había una razón para ello. O más bien, una ristra de razones. Para empezar, era sábado, con todo lo que ello implica: compras de día, fiesta de noche, a lo superhéroe de andar por casa. Por la mañana, al supermercado, donde por fin encuentro una especie de colacao que podría estar bueno (el que tengo ahora flota a la superficie de la leche si no lo sigo removiendo), pero con un detalle curioso: mientras estaba allí comprando, por el hilo musical empieza a sonar “Ready Steady Go”, el opening de “Fullmetal Alchemist”. Increíble. Lo mejor es cuando me imagino que estoy en el Mercadona y empieza a oírse, no sé, la música de “David el gnomo”, por ejemplo (lo siento, no se me ocurren ningunos dibujos animados españoles de hoy).

A la tarde no hay ganas de hacer nada que no sea descansar, pero como mañana es el cumple de Lara (otra española, Rara-chan para los amigos), recibo un mensaje de que a las 8:30 quedamos junto a nuestro perrito favorito de Shibuya. Salgo antes de tiempo y me voy a darme una vuelta por Akihabara, en parte porque aún no lo conozco tan bien como quisiera y en parte porque Miki (un medio-polaco, medio-alemán de nuestro grupo, que está como un cencerro) me ha hablado de una tienda llamada “Book Off” que hay por ahí, donde hay videojuegos antiguos. Contra todo pronóstico, la encuentro, y me paso la tarde allí. Os cuento: primer piso, videojuegos, comenzando por PS3 y bajando por WII, GC, PS2, PSX, NDS, GBA... ahora empieza lo bueno: SNES, Famicom (la que no salió de Japón), GB, e incluso algunos de ese PC raro que tenían los japoneses antes de que llegaran los PCs americanos, Family Computer creo que se llamaba. Y ahora el pasmo: los precios. Ninguno llegaba a los 2000Y. De hecho, los más viejos costaban 500Y, con su caja, sus instrucciones, con todo. Segundo piso: más de lo mismo, pero con CDs de música. Estos estaban algo más caros, pero aún así no superaban los 2000Y ninguno. Tercera planta: Libros. Cuarta planta: manga shoujo (para los de la ESO: manga para chicas). Quinta planta: manga shounen (idem para chicos). Y en estas tres plantas, casi todos los tomos estaban a 100Y. No, no me falta ningún cero. Dios mío, quiero aprender a leer japonés YA. Una buena excusa para pasarme el día estudiando; ya veremos si funciona.

Total, que llego al Hachiko con la impresión de que un día entero en Akiba no sería suficiente para mí. Nos vamos a cenar, luego al karaoke, y como vivo en el quinto comosellame tengo que irme antes de tiempo. No os preocupeis, estamos hablando de mí: aunque me vaya antes de tiempo, me las apaño para perder el último tren a mi ciudad. Cosas de ir con prisas: miré la tabla de trenes de los día de semana, y ayer era sábado. Total, que cuando llego a la estación sólo queda un tren que llega hasta medio camino de Kasukabe. Me meto dentro, pero ya me imagino haciendo noche en un pueblo perdido. De camino, repaso mi japonés para ver si encuentro alguna manera de pedirle un taxi al encargado de la estación. No oigo nada a mi alrededor, pero hay una palabra que entra en mi cabeza como una flecha: “Kasukabe”. ¿He oído bien? ¿Quién menciona tan bello nombre? En una estación nos cruzamos con un tren local que llega hasta Kita-Kasukabe, una parada de tren más allá de la mía, y me lanzo de cabeza a él. No se me ocurre pensar que, si hay uno allí, perfectamente puedo encontrarme con otro más adelante, y que en el peor de los casos simplemente tendría que esperar a ése desde otra estación. A la porra todo: me meto en el local, llego a casa casi a la 1 de la mañana, pero por lo menos he hecho gran parte del trayecto con la seguridad de que iba a llegar.

Supongo que esto explica que ayer no me vierais el pelo por aquí. Esta noche os vuelvo a ver. Un abrazo.

PS: El tifón, ni lo hemos visto. Se ve que pasó por la noche, ni nos dimos cuenta, y nos dejó un día de solana perfecto para ir a la playa. Lo curioso es que en el parte meteorológico de las 11 de la mañana decía que había un 100% de probabilidades de lluvia. Y en el cielo, ni una nube. Toma ya.

Humor del “momento tren”: Ni idea, no me daba cuenta de nada. Una canción: “Yesterday”, de The Beatles.

sábado, 20 de septiembre de 2008

¿Y mi kimono? ¡Kiaaa!

Buf. Simplemente, buf. Del todo. Hoy directamente no hemos tenido clase de japonés: en su lugar, hemos leído por turnos unas redacciones que hemos hecho. Las de mi clase se llamaban “Watashi no ichi nichi”, o sea, “un día en mi vida”. Básicamente comentábamos nuestra rutina diaria. ¿Fácil, verdad? No, ni lo más mínimo. Dejando de lado el hecho de que lo exponíamos delante de todo el mundo (total, a nuestras edades no es fácil que nos avergoncemos por cosas así), no sabéis lo difícil que resulta leer una página escrita en japonés a una velocidad normal. Vale, a mí sí me resulta difícil. Dadme tiempo, soy de reacciones lentas.

Después de las presentaciones y de una comida rápida, nos hemos ido al centro de prevención de accidentes. A ver si logro explicarlo: es un lugar, un piso, en el que te enseñan a reaccionar ante eventos tan imprevistos como un incendio o un terremoto. Sí, estas cosas son tan frecuentes en Japón que tienen sitios para enseñarle esto a la gente. La verdad es que no ha estado nada mal: primero nos han metido en un sitio lleno de humo (artificial, no tóxico) para que aprendiéramos a movernos agachados y buscando la salida en un pequeño laberinto de puertas. Luego nos han enseñado a practicar una reanimación cardiopulmonar (de lejos: no nos han dejado ni tocar los muñecos) y a manejar un extintor. Luego hemos llegado a la mejor parte: simulación de terremoto. Estaba deseando esto: nos meten en una habitación, le dan a un botón y la sala empieza a moverse a lo bestia. La idea era meterse bajo la mesa con un cojín protegiéndote la cabeza. Parece una chorrada, pero qué queréis: me ha encantado.

Sabéis que tengo que irme a Osaka después de estos 4 primeros meses en Tokyo, pero puede que no sepáis que antes de eso tengo que hacerles una visita a los de la compañía. Mi fecha, si no recuerdo mal, es el 24 del mes que viene, así que esta tarde me he ido con Filippo, un compañero italiano que sabe más español que algunos españoles que conozco, a ver los precios del autobús nocturno. Él tiene que ir también a Osaka, pero su visita es la semana que viene. Parece ser que podemos ir y volver por 10000Y. Una ganga, si lo comparamos con los más de 30000Y que costaría lo mismo en Shinkansen. De todas formas, ya me contará su experiencia cuando vuelva, y ya decidiré.

Y una última sorpresa: esta noche hemos tenido una reunión con gente de una especie de asociación basada en hacer amigos de todos los países. Dos detalles chulos: el primero, que hemos conocido a algunos japoneses la mar de simpáticos (yo, particularmente, a una medio-china medio-japonesa con novio español con la que nos hemos estado riendo una barbaridad algunos españoles), y la segunda, que nos han puesto kimonos a todos. El mío me quedaba bastante corto (o eso creo: no sé cómo tiene que quedar un kimono) y era bastante soso, negro por completo, pero los que se han puesto las chicas estaban geniales: flores, adornos, colores vivos... Un único punto malo: se me ha olvidado la cámara en casa, así que no tengo fotos. Tendréis que esperar a que me pasen algunas el lunes para vernos haciendo el ridi “a la japonesa”. La vuelta a casa ha sido otro tema: se ha puesto a llover, y parece que no va a parar en mucho tiempo, porque se acerca un tifón a Tokyo. Mira, para esto no nos prepararon en el centro ese de los terremotos. En fin, mañana saldré a comprarme un paraguas decente, y pienso buscarme una buena gabardina. No es sólo que la necesite: tengo muchísimas ganas de pillarme una buena gabardina, en plan Colombo. Bueno, muchos planes y mucho rollo, pero lo cierto es que además de la cámara se me ha olvidado en casa el paraguas, y he llegado a casa calado de pies a cabeza. De hecho, ahora mismo estoy recién duchado, y con un sueño que no me aguanto. Buenas noches, y que paséis buen día por allí.

Humor: Hambriento. Una canción: “Singing in the Rain”, de Frank Sinatra

jueves, 18 de septiembre de 2008

Mou hitori: Otanjoubi omedetou!

Hoy ha sido un buen día, en todos los aspectos. Primero, sólo hemos tenido dos horas de clase (y ningún examen), lo que se traduce en un ambiente relajado, lo que sumado a que he dormido más de 6 horas seguidas es algo muy bueno. Buen ambiente, risas, prácticas decentemente fáciles... Tras la comida hemos tenido una charla sobre el carácter japonés visto desde el punto de vista europeo. Dos palabras: qué rollo. El tipo que la daba era un japonés que sabía bastante inglés, pero lo hablaba igual que yo hablo japonés: despacito y parándose cada dos frases para pensar. Han sido 4 horas larguísimas. Vale, puede que sólo fuera hora y media, pero se me han hecho eternas. Luego hemos tenido una segunda charla sobre la Unión Europea, llevada a cabo por el francés que ya habíamos visto antes. Ha sido larga, pero más llevadera, porque por lo menos a éste no daban ganas de salir a ayudarle a hablar. No ha sido interesante, pero tampoco ha sido aburrido.

Y luego nos hemos ido a celebrar el cumpleaños de Anna, una polaca del grupo, supersimpática, como todas las polacas que conozco. Cuando estuve en Praga me pasó lo mismo: las polacas de mi trabajo eran geniales. En serio, un día tengo que ir a Polonia, a ver si son todas así o estoy teniendo suerte. En fin, nos hemos ido a celebrarlo a la torre de Tokyo, porque hacen descuento a grupos de más de 30. Al final sólo hemos ido unos 21, así que le hemos pedido a otros que habían haciendo cola que se juntaran con nosotros.

Hemos subido al primer piso, que está a unos 150m de altura, y las vistas eran magníficas. Nos hemos paseado por ahí sacando fotos, viendo el paisaje, charlando... y cuando nos hemos cansado hemos subido al mirador especial, al que hay que hacer cola para subir, y que está a 250m de altura. Buf. Qué gozada, en serio. Lo único fastidioso es que estaba todo cerrado por cristales, pero aún así la vista era sobrecogedora.

Después de un rato nos hemos bajado a un bar de la torre, donde se suponía que le iban a dar a nuestra anfitriona un pedazo de pastel por ser su cumpleaños. Bueno, pues no sólo le han dado el trozo a ella sola, sino que encima ha tenido que pagar. Panda de ladrones. Eso sí, nos lo hemos pasado la mar de bien repartiendo un pedazo de pastel entre 20 personas. Luego nos hemos encontrado con una máquina de Purikuras, esa especie de fotomatones japoneses en los que te haces fotos, las retocas con efectos y demás historias, y te las dan en papel adhesivo para que las pegues en tu carpeta, en tu móvil o donde sea. Nos hemos metido 8 ó 10 personas ahí dentro. En cuanto tenga un escaneo de las fotos, os las pongo: son para verlas.

Humor: Fez-tivo. Un país: Polonia.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Va de curiosidades

El día de hoy se ha hecho muuuuy largo. Entre que ayer dormí menos de 6 horas por acostarme tarde disfrutando de mi recién estrenado internet, y que esta mañana hemos tenido exámenes, la jornada de estudio parecía que no se acababa nunca. Hoy me he comportado de forma muy japonesa en el metro: casi me quedo frito. ¿No os lo había contado? Los japoneses, en el metro, se dividen en 4 grupos: los que duermen (50%), los que juegan con la NDS, la PSP o el móvil (35%), los que leen (12%) y los que miran a su alrededor (3%). De vez en cuando entra algún grupo de amigos/as que se ponen a hablar, pero muy poco a menudo. En fin, que hemos acabado el día muertos. Todos. Se ve que esto es contagioso.

Cuando estaba volviendo se me ha pasado un poco la modorra y me he puesto a vagabundear un poco por mi pueblo. He descubierto que dista mucho de ser un pueblo. Tiene sus callejuelas oscuras, sus hoteles, sus casinos, sus supermercados por doquier, y un poco más allá está la parte que conocía, la zona residencial, donde vivo yo. Ya puestos, os voy a hablar de una curiosidad japonesa sobre las casas. ¿Sabéis que en España las casas están numeradas de forma bonita y decente, con los pares a un lado de la acera, los impares al otro, y siguiéndose los números? En Japón no. Aquí las casas están numeradas según el orden en el que se construyeron, lo que hace que encontrar una casa en un mapa teniendo la dirección sea poco menos que imposible. ¿Que a qué viene todo esto? Pues a que, mientras volvía a casa, me he encontrado con un coche de policía parado en medio de la calle, con las luces de emergencia puestas. Los policías estaban dentro del coche, he pasado a su lado y he seguido andando. Al cabo de un rato, el coche me adelanta, se para, los polis salen de él y se ponen a mirar alrededor. Sinceramente, lo primero que se me ha ocurrido es que les han llamado de una dirección y la estaban buscando. Como sea así, espero no tener que recurrir nunca a la policía japonesa: están como para una emergencia, ¿eh?

Humor: estudioso, pero tan cansado... Un enemigo: el despertador

martes, 16 de septiembre de 2008

Intaanetto wa arimasu-yo!

Amigos, hoy os escribo sentado cómodamente en mi escritorio, con mi ordenador finalmente conectado a internet. De forma totalmente legal, en modo alguno le estoy robando su conexión a nadie, ¿eh? Que nadie se piense lo que no es. El hecho de que algún alma caritativa me permita (conscientemente o no) usar su conexión para mi beneficio no es delito, ¿verdad?

En fin, cachondeos aparte: estoy sentado, recién cenado, ya no llueve y tengo internet. Y estoy en Japón. En definitiva: soy feliz. Respecto al modem, no hay sorpresas: en España también os pasa que cuando vais a comprar algo a un centro comercial, el primer tipo al que le preguntáis no tiene ni idea de nada pero hace como que sí, ¿verdad? Bueno, pues en Japón lo mismo: el tipo de ayer me vendió un cacharro que no sirve para Wifi. Con razón no funcionaba. Hoy he hecho lo mismo que hubiera hecho en España: preguntarle al tipo con cara de empollón que está rellenando las estanterías. Sabía menos inglés que el de ayer, pero me entendió a la primera, me sacó una caja y me dijo: “Esto es lo que necesitas”. La caja está desmontada y su contenido en mi terraza, con lo que os podéis imaginar el éxito.

Respecto al curso, sigue sin haber novedades: un poquito de gramática, un poquito de kanjis, mucha práctica oral y escrita, que es lo que realmente nos hace falta. El vocabulario lo cogemos de donde podemos, pero no en todas partes podemos hablar o escribir. Por mi parte, sigo empeñado en acabarme el libro de kanjis en una semana o, como mucho, dos, para centrarme en el de gramática y en el vocabulario. Además, a partir de hoy estoy llevando el traductor conmigo a todas partes, así que puedo comprobar cómo se pronuncian los kanjis con los que me voy encontrando y qué significa tal o cual cosa. No sabéis el gustazo que da cuando, después de diez minutos, logras descifrar lo que dice el maldito anuncio que llevas días viendo en el metro.

Ah, y por supuesto no me he olvidado de mi promesa: si echáis un vistazo a los antiguos posts, podréis ver... ¡sí, fotos! Conforme vaya haciendo más subiré las más interesantes. Nos vemos.

Humor: internauta. Una canción: “Eres un enfermo”, de Las Supremas de Móstoles

Compras a la japonesa

Hoy ha sido un día de descanso, así que no tengo grandes cosas que contar. Lo único interesante ha sido que he hecho mi primera compra grande en un supermercado japo. Hay que ver qué gente tan confiada: tienen cosas a la venta junto a la puerta, detrás de donde se paga, y la gente NO ROBA. Es increíble. Me cojo un carrito y me pongo a pasearme por los pasillos. La mitad es comida precocinada, que no me sirve de nada porque no tengo microondas en mi casa, pero encuentro algunas cosas interesantes, como yogures, cereales, bollitos, fruta... He comprado un par de bolsas de cosas para mojar en el desayuno, un litro de zumo, unos palillos de verdad (no los de usar y tirar de los restaurantes), tomates, zanahorias (para mezclar con las comidas cuando coma en casa), una bolsa de peras y un par de platos de comida preparada fría (unos rollos de sushi envueltos en tortilla y unos trozos de carne de cerdo rebozada) para comer hoy. Total, unos 2500Y. Lo malo es que no tengo ni idea de si eso es mucho, porque no tengo con qué comparar. ¿Alguna opinión?

La tarde me la he pasado descansando los pies y estudiando japonés, y luego me he ido a Akihabara a buscar algo con lo que conectarme a internet sin tener que salir al balcón. Me han vendido una especie de modem inalámbrico que se conecta al PC por un cable ethernet, lo he traído, y media hora después lo he vuelto a guardar porque no hay forma de que funcione. Mañana lo devolveré a la tienda y lo cambiaré por otra cosa que he visto, más cutre, pero que podría funcionar mejor.

Si hoy me veis apagado, no os extrañe: entre el chasco del modem y que está lloviendo (la lluvia me deprime), estoy deseando acostarme. Buenas noches a todos.

Humor: pasado por agua. Una película: Dark City.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Aquí no se sale de tiendas: se sale de templos

Estoy muerto. Llevo despierto desde las 6 de la mañana, y he estado pateándome Kamakura durante ocho horas. Eso sí, ha merecido la pena: el sitio es precioso. Es un pueblecito pequeño, al suroeste de Tokyo, que lo único que tiene son templos budistas. Debe tener unos 20, más o menos. Bueno, como sólo teníamos un día para verlo, el plan ha sido éste: primero nos hemos pillado un abono de tren que, por unos 12 euros, nos daba una ida y vuelta a Kamakura más todo el transporte interno que quisiéramos, una vez allí. Hemos cogido un mapa cuando hemos llegado, y nos hemos trazado una ruta que parecía adecuada: desde la estación central nos hemos ido andando hacia el oeste, viendo 3 templos por el camino, y acabando en una estación de tranvía, desde la que lo íbamos a coger para irnos al otro lado del pueblo, lo que nos dejaba cerca de otro templo y de un Buda gigante. Un buen plan.

Los templos, preciosos. Lo único fastidioso es que casi todos te exigen pagar para visitarlos, pero merecen la pena: las entradas cuestan entre 200 y 300Y, y los sitios son realmente preciosos. Tejados de cerámica y de paja, suelos de madera, estatuas de divinidades budistas... y jardines. Para mi gusto, lo mejor del viaje: los jardines. Qué queréis, el verde me priva. Y aquí había verde para aburrir: árboles de bambú, plantas florecidas, pequeños lagos llenos a rebosar de nenúfares... Y acompañando a todo esto, gente tocando el tambor, puestos de comida... Ah, y nuevos amigos. Resulta que, a la salida de Tokyo, nos hemos encontrado con un par de españoles, Marta y Luis, que llegaron aquí hace unos pocos días para hacer sus proyectos de fin de carrera en Tokyo. La beca les da para año y medio, prorrogable a 3 y 5 años, así que van a acabar sabiendo más japonés que nosotros.

En fin, que el pateo de Kamakura lo hemos hecho todos juntos. Nos hemos dividido en dos grupos para ir menos “a mogollón”, y nos hemos encontrado de nuevo cuando estábamos viendo el Buda gigante. Creedme, lo de “gigante” no es un adorno: es realmente enorme. Mide más de 10 metros de alto y está hueco, así que se podía entrar para verlo por dentro. Después de eso nos hemos ido a otro templo que teníamos cerca, y nos hemos quedado descansando allí hasta que han cerrado. Vuelta a casa, cenita y a descansar, que buena falta me hace. Ya os contaré más otro día que esté menos rendido. Buenas noches ;)

Buda por fuera...

...y Buda por dentro

PS: La fiesta de mirar la Luna (Tsukimi, como bien ha apuntado DrJones), va a tener sabor agrio este año, porque el cielo lleva encapotado todo el día, así que poca Luna se va a poder ver. Qué le vamos a hacer.

PPS: Si nada lo impide, mañana iré a comprarme lo que necesito para tener internet, así que esperad fotos prontamente. Un abrazo.

Humor: Meditativo. Una frase: “No creo en Buda, pero mola visitarle”.

Mandarake wa sugoi desu ne?

¿Alguno de vosotros conoce "Dos frikis en Japón"? ¿Sí? ¿No? Qué bien, es igual. El caso es que un par de locos españoles hace algunos años que resolvieron irse a Japón, porque eran (y siguen siendo, que yo sepa) unos frikis de cuidado. Se iban a salones del manga, a eventos japoneses en España, a lo que fuera, y lo grababan todo con una cámara comentando y participando en todo, en plan pasárselo bien. El caso es que, cuando fueron a Japón, grabaron tantísimas horas de vídeo que los montaron como si fueran capítulos, y como los primeros capítulos discurren en Tokyo, esta mañana les he echado un vistazo buscando algo en particular: el nombre de la tienda de muñecos más famosa de Japón. Mandarake, se llama. Como en el vídeo no se ve en absoluto dónde está, lo he buscado por internet. Hay varias, pero dos importantes: la original, en Nakano, formando parte de un centro comercial gigante. La nueva, más grande, en Shibuya. Shibuya ya lo conozco: me voy al otro.

Hago una llamada a las armas de todo el grupo. Se presenta Lara. Está claro que la fiesta de anoche causó estragos. En fin, sobre las 5 nos vemos allí y nos ponemos a echar un vistazo al centro. Bueno, digo “centro” por decir algo, pero el centro comercial en sí es tan largo como una calle. Hay de todo: ropa, complementos, comida, algo de electrónica... pero cuando subimos al segundo piso es cuando se me empieza a caer la baba. Libros de manga por millares, sin exagerar. Estanterías repletas de muñecos a precios que harían reírse a cualquier comerciante español. Discos de música de segunda mano como nuevos a precios ridículos (Bill Evans, Sunday at the Village Vanguard, a 6 euros). Miro por todas partes, y extrañamente no encuentro lo que busco, aunque encuentro muchas otras cosas que no buscaba y que, evidentemente, acabarán en mi maleta algún día. Hoy no, que aún no estoy seguro de cómo estoy administrando el dinero, pero pronto. Ah, y eso no es todo. Cuando llegué había un grupo de chicas tocando el tambor a la puerta del centro, esos tambores grandes tan típicos de Japón. De verdad, estoy deseando tener internet decente para subiros fotos, porque esto son cosas que se quedan cortas al describirlas. Pero pronto: si todo sale bien, durante esta semana que viene conseguiré banda ancha. Seréis los segundos en saberlo ;)

Mañana nos vamos a Kamakura, a visitar templos, pero quiero avisaros de una cosa: según la tradición japonesa, mañana (domingo) por la noche es precisamente el mejor momento del año para mirar la luna. La gente se reúne en parques y se tumba en la hierba para mirarla. Y beber a saco, claro. No tengo ni idea de si lo de “la mejor noche para ver la luna” tendrá algún fundamento, pero echadle un vistazo, y me contáis si es verdad. Yo haré lo propio por aquí, si es que no vengo demasiado rendido de Kamakura. Un abrazo a todos.

Humor: fotográfico. Una canción: “She's a Maniac”, de Michael Sembello.

sábado, 13 de septiembre de 2008

O-tanyoubi omedetou!

Esta entrada corresponde al día 12, pero hay una razón para que escriba pasada la medianoche. Resulta que hoy era el cumpleaños de Alberto, uno de los españoles, y como nos queremos todos mucho, hemos quedado después de las clases en Shibuya para irnos de fiesta. Pero tranquilos, que luego llegaremos a eso...

Primero, las clases. Hoy ha habido dos novedades. La primera, que nos ha tocado una profesora nueva, que no solo es mucho mas inútil que la anterior, sino que encima escribe fatal. La segunda es que hemos empezado con una clase básica de kanjis. Sí, los dibujos complicados. Con la profesora que no sabe escribir. Toma, Moreno. Total, que nos hemos aburrido soberanamente, le hemos cogido manía a esta profesora y nos hemos propuesto estudiar por nuestra cuenta todo lo posible, porque está claro que los viernes (que es cuando nos toca ésta) no vamos a hacer nada útil. Después de la clase le hemos sacado un pastelito a Alberto, le hemos cantado el “Cumpleaños Feliz” en media docena de idiomas, algunos de ellos inventados, y nos lo hemos pasado en grande en general. Además, me han dicho que el día 26 de Octubre me toca irme a hacer una visita a mi empresa en Osaka, así que un día de estos miraré precios para el viaje. Luego hemos dejado dicho que los que quieran irse de fiesta quedábamos en Shibuya a las 9, y nos hemos ido cada uno por su lado.

Vuelvo a casa, dejo los trastos de clase y me vuelvo a ir. Esto de vivir a hora y media del centro de Tokyo es una patada en la entrepierna, pero bueno... El caso es que he llegado sin cenar, me he comprado un bocata, y nos hemos ido a echar piernas por Shibuya. Al cabo de un rato hemos acabado en un garito (que al parecer algunos conocían ya de la semana pasada) en el que te cobraban 2000Y por dos horas de comida y bebida. Todos los que iban a emborracharse se han quedado allí, y el resto, un grupito de 8 que o bien tenían que irse temprano o bien pasaban de bebercio, nos hemos ido a patearnos Shibuya. A los 10 minutos alguien pronuncia una palabra mágica, y encuentro un objetivo en la noche: convencer al resto del grupo para ir a un Karaoke. No me cuesta nada: a la mayoría les encanta la idea. En el primero nos clavaban 500Y por media hora, pero teníamos que estar una hora como mínimo, y varios del grupo se tenían que ir a la media hora. En el siguiente es algo más caro, 600Y, pero nos dejan estar solo media hora. No solo eso, sino que como somos gaijins sin remedio, nos hacen descuento: 480Y por cabeza. No nos lo pensamos: adentro.

Chicos y chicas, qué gozada. A lo mejor algunos de vosotros no saben lo mucho que me gusta cantar (es que, modestia aparte, canto como los ángeles), pero a los que no lo sepan se lo digo: me encanta. Entre eso, y que la vergüenza del grupo estaba muy mal repartida (tres no teníamos ninguna, tres tenían mucha, y los otros dos en la media), pues gran parte de la media hora me la he pasado con el micro en la mano. Os aseguro que intentaba pasárselo a los demás, pero me lo devolvían. Bueno, ya se soltarán cuando vayamos otro día con más tiempo. Porque pienso volver: hacía meses que no me reía tanto. ¿Que por qué? Pues por las canciones. Cuando encontramos la manera de hacer funcionar la máquina para elegir canciones, estaba todo escrito en katakana. Para los de la ESO: un abecedario que se usa para palabras extranjeras. El primero que leí decía “Disney”. En cuanto lo dije en voz alta, me dijeron que pusiera alguna de ahí. Os podéis imaginar el resto, pero os lo voy a contar igual: “Bajo El Mar”, “Es Un Mundo Pequeñín”, “Bésala”, "Hakuna Matata", “Don't Be Cruel” (tengo que reconocer que imito a Elvis a la perfección) y una cosa rara en hawaiiano de “Lilo y Stitch”, que nos inventamos sobre la marcha. Cuando nos fuimos, estábamos todos partiéndonos de risa, pero bueno, algunos se iban a casa, otros se quedaban a ir de tiendas, y como ni me apetecía ir de tiendas ni creía que los del “bebe cuanto puedas en dos horas” fueran a ser una gran compañía, me he vuelto a casa en el último tren de la noche. Me voy a la cama, mañana me dedicaré a estudiar y tal vez salga a comprar algunas cosas, pero os hago una primicia: tenemos plan para el domingo, un viaje a una ciudad cercana llamada Kamakura, en la que hay muchos templos y cosas así. La idea es pasarnos allí el día y volver a la noche, pero como el lunes es fiesta no descartamos quedarnos a dormir allí. Mañana os contaré mas detalles si los tengo, pero si el domingo no aparezco por aquí, ya sabéis por qué es. Un abrazo.

Humor: Cantarín. Una canción: "Everybody Likes Kung-Fu Fighting".

jueves, 11 de septiembre de 2008

Planeando el futuro del universo

Un día ocupado. Primero me he tenido que levantar a las 7 para poder ir a la tienda de móviles a cambiar el cargador, que se habían equivocado al dármelo. Tengo que reconocer que los japoneses son la gente más complaciente del mundo: la tienda no abría hasta las 10, pero dentro estaba el personal completo, y cuando les he explicado que a las 10 no podía estar ahí, me han abierto y me han atendido. ¿Os imagináis algo así en España? Ya es difícil imaginar que haya alguien en una tienda antes de que la abran, pero incluso aunque así fuera, dudo que nadie abriera a un cliente, por muy desesperado que estuviese, menos aún si fuera extranjero.

La clase de japo ha sido suavita, porque hemos tenido menos horas de lo normal: después de comer nos han metido en una conferencia dada por una personalidad importante de la cámara de comercio, un inglés que nos ha estado explicando a grandes rasgos cómo funcionan las empresas japonesas. Es algo extrañísimo: el jefe no toma las decisiones sin el consenso de los empleados, y normalmennte este consenso no se busca en la oficina, sino en la fiesta a la que vayan ese día los de la empresa. Bueno, lo de “consenso” es un poco exagerado, porque como no acates las opiniones del jefe no duras mucho en el puesto (ojo, no te despiden, simplemente les caes mal y te conviertes en un cero a la izquierda), pero dicen que esta forma de hacer las cosas les da a los empleados una sensación de seguridad, de formar parte de la empresa. Me recuerda a la frase de House: “¿Usted preferiría un médico que te insulte mientras te cura o uno que te cuide mientras te mueres? Yo creo que lo peor es uno que te insulte mientras te mueres”. Es algo parecido: al final no pintas nada, pero al japonés medio le parece que sí, así que vive feliz.

Para finalizar el día, he celebrado que mañana nos dan el primer pago del dinero de la beca: me he comprado un cacharrito de estos de alta tecnología que tanto nos gustan a los frikis. En un principio iba a ser la Nintendo DS, pero la presión del examen de japonés se hace notar: me he comprado un traductor electrónico español-inglés-japonés, el Casio Ex-Word. Un compañero de clase lo tiene y le está sacando muchísimo partido: el secreto es llevártelo a todas partes y meter en él todo lo que no entiendas (en mi caso, casi todo), y así vas aprendiendo. Además, como tiene reconocimiento de escritura, me sirve para practicar los kanjis. Ya os contaré qué tal funciona. Un abrazo.

Humor: Estudia, estudia, estudia... Una serie: Golden Boy.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Minna, jinkan wa nan desu ka?

Vaya marcha que nos están metiendo en el curso de japonés. Me recuerda a aquella tira de Mafalda en la que Manolito se compara con un “peatón del razonamiento”: yo soy así, respondo de forma lenta y con pausas. En fin, al menos voy aprendiendo palabras nuevas, y puede que algún día hasta las utilice. Además, esta mañana hemos rellenado los papeles para presentarnos al JLPT. Cuando han entrado los responsables en la clase, prácticamente nos han rogado que nos presentásemos al nivel 4 (el más bajo), pero hemos pasado de ellos y nos hemos matriculado en el nivel 3. Yo ya tenía en mente presentarme al 3, pero otros de la clase no lo tenían tan claro, y ha habido algunos momentos de tensión. Al final Lukasz, un polaco de nuestra clase, ha dicho (muy acertadamente) que aprobar el 4 es muy fácil, y que aprenderemos más si contamos con algo de presión, aprobemos o no. Yo he añadido que, en realidad, ninguno de los dos niveles nos va a servir para nada, porque son muy básicos en comparación con un nativo, y al final todos los de la clase nos hemos apuntado al 3. Se me ha ocurrido recomendarles a mis apañeros el Tae Kim, un libro de gramática muy chulo y muy básico, y creo que todos vamos a poder con nuestros niveles. Además, ahora les mandaré un enlace a una página con el vocabulario revisado de los niveles 3 y 4. Espero que sea suficiente. Ganbarou!

Humor: Generoso. Una canción: I adore my 64, my Commodore 64.

Denwa bangou wa?

Sigo vivo después de los cereales de esta mañana. También he estrenado un paquete de leche desnatada que me he comprado, pero en la que no logro encontrar el kanji de “vaca” que aparecía en la última que me compré. ¿Será leche de soja? ¿Será leche de rata? Misterio... Menos mal que por la mañana no estoy muy fino, porque si no no sé qué diantres desayunaría.

Maravillosas noticias: ¡Por fin tenemos un móvil! Nos ha costado, pero lo hemos conseguido. Después de una clase de inglés intensivo de lo más agotadora, en la cual hemos hecho carreras de velocidad de habla y de escritura, un pequeño grupo nos hemos ido a una tienda de Softbank (uno de los dos mayores distribuidores de móviles de Japón, el otro es Docomo) en la que uno del grupo logró que le vendieran un móvil. Nos han atendido maravillosamente bien, nos han dado montones de facilidades, e incluso nos han hecho regalos (una camiseta y un perrito ladrador o, como diría un compañero de aquuí, un Hachiko). Lo único malo es que, como éramos 7 u 8 personas, nos hemos tirado allí la tarde entera. En fin, ya está hecho. Lo siguiente es ver si encuentro en internet el manual en inglés, porque mi nivel aún no es tan grande como para entender un manual técnico de tropecientas páginas. Tranquilos, todo se andará ;)
Ah, y aunque aún no os pueda poner fotos, os describo mi nuevo artilugio: es rojo, de los que se abren, con mini-pantalla frontal y una pedazo de pantalla dentro, a la que se le puede dar la vuelta para poder verla con el móvil cerrado. Tiene cámara con flash (normalita, de 2 megas), acceso a internet, me dan una dirección de correo de Softbank con la que nos podemos mandar mensajes gratis, aunque las llamadas también nos salen gratis si llamamos antes de las 9 de la noche o después de la 1 de la mañana, mensajes de texto gratis entre Softbanks, cerca de 150MB de memoria interna en el móvil (aún no estoy seguro, pero eso he creído entender) y televisión. Sí, televisión. Al cacharrito se le saca una antenita con la que se puede ver la tele. En cuanto pueda entender lo que dicen, me será hasta útil.

Bueno, hasta aquí la aventura de hoy. A partir de ahora supongo que pasarán más cosas, ahora que empezamos a estar comunicados entre nosotros. Ya os contaré.

Humor: Telecomunicativo. Animal: Perrito ladrador.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Yoroshiku onegaishimasu

Bueno, tal y como adelantaba ayer, hoy han empezado las clases de japonés. Algo ligerito, para empezar: primero, unas horas de explicación sobre cómo va a estar organizado el curso (exámenes semanales y mensuales, con otro final y la posibilidad de hacer el JLPT) y luego una explicación sobre lo que son los kanji. Para el que no lo sepa, son los ideogramas japoneses que expresan conceptos. Aparte de los kanji, el japonés usa un par de silabarios (como nuestro abecedario, pero más fácil de pronunciar) que usa para conjugaciones y demás historias. Y después de este par de tonterías, el examen. Tal y como esperaba, mi gargantuesco conocimiento de la lengua nipona me ha colocado en... el primer grupo de los principiantes. Bueno, no está mal, teniendo en cuenta que en la entrevista oral la frase más repetida fue “wakarimasen” (“no lo entiendo”). Nos han dado un chorro de libros: gramática, cuaderno de kanjis, ejercicios... Vamos, que no nos vamos a aburrir.

Por la tarde nos hemos ido a comprarnos un móvil, ahora que tenemos cuenta hecha en el banco, y en la tienda nos han dicho que nuestra cuenta no vale. Alguien va a tener que dar explicaciones mañana. Para la cena me he pedido un bol lleno de fideos, verduras y medio huevo duro, pero se me olvidó mirar una cosa en el dibujito que salía en el menú: era un plato frío. De hecho, no podía ser más frío: estaba lleno de cubitos. Bueno, otra experiencia más.

A la vuelta me he puesto a leer uno de los libros, y cuando estaba en lo mejor (creo que el asesino es el monte Fuji) el tipo que tenía al lado me pregunta la hora. En japonés. Encima que no tengo ni idea, cachondeo. Total, que como no me acordaba de cómo se decía nos hemos puesto a hablar de mí: que si soy español, que si he empezado a estudiar hoy... Dice que le encanta el vino español. Lo que yo digo, que esta gente tiene que salir más. Bueno, pues el tío ha sido la mar de simpático: me ha ayudado a completar frases, me ha dicho algunas palabras (yasui = fácil, muzukashii = difícil), y me ha dado su tarjeta. Se bajaba antes que yo, y me he quedado pensando “vaya tipo más salao”. Así tendría que ser la gente, hombre, curiosona, que les guste hablar con desconocidos, sobre todo si son gaijins como yo.
Ah, de vuelta a casa me he pillado unos cereales y unos bollitos para el desayuno. No veáis lo caras que están las cosas “normales” por aquí: un paquete de cereales de un cuarto de kilo, 300Y. 250 si es del Hacendado de por aquí. Mañana os cuento qué tal. Un abrazo a todos.

Humor: Quiero soñar con kanjis. Una canción: New York, New York, de Sinatra.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Puesta a punto y reconocimiento del terreno

Hoy me he despertado (pasmaos) con frío. Para cuando estoy escribiendo esto ya hace calor otra vez, pero la lluvia de anoche me sentó genial. De todas formas, hace un par de noches que no duermo con aire acondicionado, aunque estar aquí de día sin él es un suicidio. Esta mañana la he dedicado a colada y escribir el diario, y como los pies casi no los siento paso de ir a Tokyo hoy. Además, no sabría dónde encontrar a la gente y no puedo comprarme un móvil aún. Mi intención es pasearme por el barrio, a ver si encuentro algún punto inalámbrico de internet, y comprarme de una vez el bono de viajes entre Kasukabe y Tokyo. Por la tarde igual cojo la bici y hago algo de turismo por el barrio, a ver si hay algo interesante. Os mantendré informados.

Actualización:
Al final esta tarde no he hecho nada: se ha puesto a llover a cántaros (me ha pillado comprando la comida y me he calado entero volviendo a casa) y no había ganas de correr bajo la lluvia. Al menos he podido salir a cenar: me he encontrado con Ku, el koreano del otro día, y hemos quedado para salir a cenar por ahí. Me ha enseñado un restaurante chulo, pero caro, así que nos hemos ido a otro más barato, pero que también estaba muy bueno. Es uno de esos que salen en los reportajes, en los que eliges la comida de una maquina, la pagas, te sale un ticket, y se lo das al camarero para que te sirva. Me he pedido un bol de arroz con carne de cerdo, muy bueno. Butameshi, creo que se llama. Está bien tener opciones para una urgencia. En fin, me voy a la cama: mañana empiezo el curso de japonés y estoy deseando saber qué clase de material nos van a dar.

Por cierto, en mi balcón se coge una conexión decentilla, pero aún así me pillaré internet propio, porque cuando empiece el invierno, a ver quién es el guapo que sale al balcón.

Humor: relleno de crema. Un color: el verde de las rayitas de cobertura.

Semos europeos

Fecha: 06/09/2008

¡Ah, qué gustazo de desayuno! Leche, zumo (malísimo, parece fanta sin burbujas), bollitos, me siento como en casa. Como hemos quedado a las 12:30 aprovecho y hablo con el que se suponía que iba a conseguirme acceso a internet. Buena noticia: es fácil y barato. Mala noticia: necesito una tarjeta de crédito, que todavía me falta para tener. Noticia intermedia: no sé cuánto tardarán en instalármelo. Salgo a hacer compras: detergente y cubiertos de plástico, para cuando tenga cereales. El Lawson's es la pera: tiene de todo. Tiro la basura y me quedo con algunos volúmenes de manga que tienen buena pinta. Cuando llego a Asakusa, resulta que no tiene sólo una estación: tiene 3, dos de tren y una de metro. No logro encontrar al resto, así que me voy a visitar el templo por mi cuenta. Allí tampoco los encuentro, y me empiezo a deprimir. Como poco, me aburro, me canso, y cuando ya no quiero esperar más me voy al parque Ueno, donde se suponía que íbamos a ir después. Sigue sin haber suerte, pero lo verde tiene un efecto mágico sobre mí. Me siento y empiezo a escribir este diario a mano. Como una hora después, me levanto sonriente y con ganas de comerme Tokyo, yo sólo. Sigo adelante, veo cuervos y otros pájaros. Dejan que me acerque, lo que dice mucho de los japoneses: los animales no les tienen miedo.

También observo a los niños que juegan en el parque: son iguales que los europeos, lo que demuestra la tesis del embajador de España: lo que les hace ser como son no es vivir donde viven, sino su educación. El parque es enorme: está junto a un lago, y si lo cuentas como parte del parque, éste tiene casi 1500 metros de largo, y como la mitad de ancho. Extrañamente, hay poca densidad de gente, lo cual resulta refrescante. Paso por delante de museos de ciencias y de historia, pero no sólo están cerrados, sino que no me veo capaz de ver un museo. Entonces recuerdo una idea que se me ocurrió ayer mientras miraba el mapa. Muchos de vosotros habréis visto/leído Love Hina, y puede que incluso el resto reconozca la palabra “Todai”. Es la abreviatura de “Tokyo Daigaku”, que significa “Universidad de Tokyo”. No está lejos, así que me encamino dispuesto a llegar adonde sea. De camino conozco a una chica japonesa que acaba de salir de su clase de inglés, así que no me cuesta hablar con ella. Muy simpática, me guía, pero cometo un fallo: no pedirle su número. La próxima oportunidad no la desperdiciaré. Llego a la Todai, y me dan ganas de quedarme allí. No es en absoluto como me la había imaginado, pero sigue siendo la archifamosa Universidad de Tokyo, y me encanta.

Me voy a Shinjuku, donde en teoría hemos quedado a las 7:30 esta noche para salir de fiesta. No me apetece en absoluto, pero quiero ver a la gente. Esfuerzo vano: no encuentro a nadie: Sobre las 8 me encamino a una librería cercana, y me compro un paquetito de libros en japonés para principiantes que me habían recomendado. Cuando salgo está lloviendo a cántaros, pero por suerte la estación de Shinjuku es gigantesca y no me cuesta encontrar una entrada cerca de la librería. Para cuando vuelvo a casa ya ha dejado de llover, así que me compro un par de sandwiches para cenar y algunas otras cosas, juego un rato al ordenador, me curo las ampollas de mis doloridos pies y me echo a dormir. Por primera vez en días, no me pongo el despertador.

Humor: no tengo ganas de pensarlo. Un cuento: la bella durmiente.

Burocracia japonesa for you

Fecha: 05/09/2008

Hoy, el plan es sacarnos nuestro permiso de residencia, registrarnos en la embajada y hacernos una cuenta en el banco, y como postre una recepción con la gente de la beca, vestidos de traje y corbata. Como tengo que estar a las 9:30 en el centro, me levanto a las 6:30, me visto de traje y bajo a desayunar. Efectivamente, no lo había leído mal ayer: rollitos de repollo. Acompañados del arroz y la sopa miso de rigor, claro, y un huevo de acompañamiento de la sopa. Pensando que sería un huevo duro, lo abro: craso error, el huevo se derrama. Como el olor de los rollitos me da arcadas y la expectativa de una sopa con huevo no me hace tilín, lo tiro todo y me compro un zumo de naranja en la máquina. De hoy no pasa: necesito leche. Y fruta, maldita sea: llevo desde el lunes sin comer fruta. Me llego al ayuntamiento de mi zona, donde encuentro algo extraño: la puerta está abierta, pero no hay nadie. Cómo se nota que por aquí no pasan turistas españoles: se quedarían sin bolis ni clips en cero coma. Algo preocupado, porque se me echa el tiempo encima, vuelvo a la residencia y hablo con un hombre mayor al que conozco porque habla inglés: el ayuntamiento abre a las 8:30. Pues nada, llegaré tarde. Para cuando me dan los papeles ya son las 9, y salgo corriendo para el tren. Paso de la embajada, claro, y me voy derecho al centro, donde me dicen que la hora de quedar era la 1 de la tarde. Bien por mí, qué bien me entero de las cosas. Más relajado, me voy a la embajada: soy el primero en llegar, pero cuando estoy cruzando la puerta aparece Dani. No tardamos en reunirnos todos, y cuando tenemos nuestros papeles en regla nos volvemos al centro. Comida, relajación, internet hasta las 4 de la tarde, cuando nos vamos al banco para arreglar el asunto. Muy fácil, muy rápido, por suerte para los del banco: ¿cómo se les ocurre a los de la beca meter en un banco a un grupo de 10 españoles e italianos? En todo el banco sólo se nos oye a nosotros. Total, volvemos al centro y sobre las 6 empiezan a llegar los de la recepción. Mucha gente: embajadores, organizadores, gente de las empresas, antiguos vulcanianos, profesores de japonés... Muy buen ambiente, buen rollo generalizado. Hablo con el embajador de España (un tipo muy salao), con algunos profesores, y con una chica llamada Megumi que me da dos sorpresas: es la hija del organizador japonés, y habla español. Y muy bien. Se pasó algún tiempo en Argentina, y se parte de risa cuando Emilio y yo hablamos con acento argentino. Nos lo pasamos genial hasta que la gente empieza a irse, y entonces nos reunimos los españoles. Alejandro, Rocío, Héctor y yo quedamos para mañana en Asakusa, para ir de turisteo a un templo cercano. Nos vamos a nuestras casas, y en el metro me encuentro a mi primer japonés borracho. Curiosamente, ni aún así pierden esa necesidad patológica de ayudar: cuando me ve mirando el mapa me pregunta si necesito ayuda, se hace un lío con las palabras, se tambalea y se aleja haciendo eses cuando llega a su estación. No me he olvidado del desayuno: compro leche, zumo y unos bollos, porque no encuentro cereales. Otro día. Por lo menos la leche japonesa está buenísima, y no hace falta azúcar ni Nesquik para bebérsela. Eso sí: está cara: a 200Y el litro, de media. Ah, y una gran sorpresa: Cerca de mi casa hay un “Todo a 100” llamado Lawson's que tiene de todo, incluido.. redoble de tambores... ¡fruta! Me compro plátanos y resisto la tentación de comerme uno allí mismo. Contento, decido parar en una tienda que parece de películas que también tengo cerca. Veo las películas, que ocupan como una tercera parte de la tienda, y entro en un paraíso. Manga. Cientos, miles de volúmenes de manga. Revistas enormes, volúmenes pequeños, de todo. A un precio ligeramente distinto del español: 500Y cada tomo. Como para compararlo con los 10 euros que nos clavan en España. En casa, ducha y a la cama: a soñar con el momento en que sepa japonés.

Humor: Véase Tomo, de Azumanga Daioh. Una fruta: la pera.

A lo internacional

Fecha: 04/09/2008

Desayuno japonés: arroz hervido, sopa de miso y unas verduritas. Me lo como como puedo: no me gusta desayunar cosas calientes y sosas. Igual debería comprar leche y cereales, ya veremos. Me pongo una camisa y cojo una corbata, pero me empiezo a quedar sin ropa. Ya preocupado por el equipaje, voy a hablar con Kurihara, que no me entiende. Me presenta a su mujer, y a base de gestos, ella me entiende por fin: mi equipaje ha llegado, está a la vuelta de la esquina. Alborozos internos mientras subo mi querida maleta y salgo de camino al centro. Como no podía ser de otro modo, me equivoco de tren y llego un cuarto de hora tarde y sin tiempo de ponerme la corbata. Por suerte, no soy el único, así que no destaco demasiado. Tras las presentaciones de los mandamases y organizadores (nuestra contacto Keiko Sato, un francés, y un japonés de los de antes, arrugado, con barbita y que se pasa el rato asintiendo exageradamente con la cabeza cuando hablan otros, como aprobando sus palabras), nos toca presentarnos a nosotros. Es una buena medida para saber quién viene para trabajar, quién para aprender, y quién para salir de fiesta. Dudo que el japonés se haya enterado, pero desde luego, yo sí. Luego nos dan un montón de papeles y algo realmente útil: una guía de mapas de Tokyo, que pienso llevar siempre encima. Cuando acabamos, un grupo quedamos en irnos a Shibuya, y allí nos encaminamos, algunos (como yo) tras meter la camisa en una bolsa y ponernos algo más cómodo.

Shibuya es un distrito comercial, con montones de tiendas de, sobre todo, ropa. Es como el centro de moda de Tokyo. Andamos, miramos, nos separamos... pierdo de vista a la gente (bien por mí) y, como me aburro, vuelvo a casa. Realmente necesitamos móviles, lo malo es que en Japón para pillar uno de contrato necesitamos una cuenta en un banco, y para eso necesitamos un permiso de residencia, y aún no tenemos nada de eso. De vuelta a casa ceno pescado rebozado, y me lo como CON PALILLOS. Toma ya. De paso, conozco a un koreano que se llama Ku, que sabe algo de inglés, y me explica algunas cosas de su país y de él: está trabajando en Sanyo desde hace unos cuantos meses, pero se irá pronto. Parece un chico simpático, espero volver a verle. Ya en mi piso, decido probar el ordenador, pero el enchufe del ordenador no entra en el adaptador que me traje. Desesperado, me voy a hablar con Kurihara, que rebusca entre todos sus artilugios y pregunta a todos los clientes para ver si encuentra algo que me sirva, sin resultado. Al final, me doy cuenta de que no entra porque el adaptador tiene un par de pestañas que no dejan que pase el enchufe. Se lo digo a Kurihara, que me trae unos alicates con los que me cargo alegremente las pestañas. ¡Éxito! Por fin tengo ordenador. Pruebo a ver si cazo alguna red inalámbrica, sin suerte, pero tengo ordenador. Para quitarme el mono, me paso un par de horas jugando, y luego me duermo.

Humor: Eufórico. Comic: McGimmick.

Hola, señor de la empresa. ¿Habla inglés?

Fecha: 03/09/2008

Duermo unas pocas horas antes de que el despertador me avise de que toca desayunar. No puedo comer nada, pero me obligo a tomar algo y al final entran dos tazones de leche con cereales. Nos encaminamos al centro cargados con nuestro equipaje de mano, aunque el mío apenas merece tal nombre: un saco lleno hasta los topes, los trajes en una bolsa, el ordenador portátil... Iba doblado, pero me daba igual: luego me alegraría de llevar tantas cosas. Cuando llegamos al centro, una gran alegría: internet para todos. Mando algún correo, pero hay tanto que hacer y que hablar que no me da tiempo a más. Salimos a comprar algo para comer y apenas nos da tiempo a terminar cuando vienen los de las empresas para llevarnos a nuestros dormitorios. Mi guía es un buen tipo, aunque algo parco en palabras. Aún así, le pregunto por todo: cómo funciona el tren (no me lo sabe explicar), cuáles son las condiciones de la residencia (hay mucho que no sabe), cómo puedo tener internet (no tiene ni idea). Al final le pregunto por la compañía, a ver si le saco algo, y ni por esas: me dice unas pocas cosas y se vuelve a quedar callado. Pues se va a enterar: cuando llegamos a la estación de Kasukabe (la más cercana a mi residencia, y a hora y media del centro de Tokyo) le ametrallo con preguntas sobre los billetes, sobre cómo ahorrarme dinero en ellos, sobre el camino, sobre las bicis, sobre todo lo que se me ocurre. La conversación me reveló algo que luego se cumpliría con todos los japoneses que me encontraría: son tontos. Salvo excepciones, son muy tontos. Sólo conocen lo que necesitan para vivir, no tienen curiosidad, ni picaresca, ni nada. Si sólo fueran un poco curiosos, y si lo juntáramos con lo solícitos (para los de la ESO: deseosos de ayudar) que son, serían los anfitriones ideales, pero no: los sacas de la línea de metro que cogen todos los días y no saben nada. Si les preguntas por una tienda que no suelen visitar, aunque pasen por delante todos los días, no la conocen: siempre van mirando al suelo. En fin, llegamos al dormitorio (que es sólo para trabajadores de Sanyo) y me presentan a Kurihara, el manager. Es el típico japonés, viejo, medio calvo, con su barbita blanca que le sale de la barbilla, y muy amable. Me enseña toda la residencia (en japonés, me entero de poquito), incluido un anexo en el que hay que tirar la basura (por separado: papel, plástico, latas y orgánicos). Tomo nota de tirar papel a menudo para ver si puedo conseguir algo de manga gratis. También me dice que le ayude a meter un pequeño frigorífico en mi habitación. Es decentilla: pequeña, pero suficiente, con mucho armario, un colchón bueno, una ducha... pero todo es extraordinariamente viejo: el aparato de aire acondicionado, el frigo, la instalación de la ducha... Luego me enteraría de que Sanyo es de las empresas más tradicionales de Japón, lo que explica esto en parte. Deshago el poco equipaje que traigo, pongo las cosas a mi gusto, y estudio el mando del aire acondicionado con un libro de japonés delante, porque hace un calor espantoso y da la impresión del que el aparato da más calor. En efecto, al cabo de un rato descubro que estaba puesto en "calefacción". Con todo en orden, salgo hacia Akihabara, donde he quedado con unos amigos. Nos damos una vuelta por allí, se me hace la boca agua con tanta electrónica y frikismo juntos, y prometo volver pronto, porque mis compañeros estaban más interesados en móviles que en otra cosa. Cenamos (yo poco, porque sigo con el estómago revuelto) y nos vamos a casa. Un día completito, pero echo de menos dos cosas: sigo sin equipaje y sin internet. Ah, y una almohada: la que tengo está rellena de una especie de macarrones de plástico, y no hay quien duerma así. Me he improvisado una con una manta, y no está mal.

Humor: Indescriptible. Serie: McGyver.

Cómo llegar de Cartagena a Japón perdiéndose por el camino.

Fecha: 02/09/2008

Me levanto a las 4:45 de la mañana, sin ser apenas consciente de lo que estoy haciendo. Desayuno, viene Alejandro y nos vamos a la estación. No me daba cuenta de nada. Llego a Madrid con 4 horas de margen para coger el avión, y aún así voy con el arroz pegado, entre la cola para envolver la maleta y unos problemas que hubo con el billete del segundo vuelo, que no me lo pudieron sacar desde Madrid. Tras algo más de dos horas de vuelo llego a Frankfurt: me saco el segundo billete y me encamino al punto de encuentro, donde me veo a Rocío (una compi española) esperando sola. Por suerte no llevaba mucho tiempo esperando: también tuvo problemas con su billete. Nos pasamos el rato hablando y esperando al resto, que no aparecen. A nuestra hora nos vamos al avión, que es la pera: TV en cada asiento con videojuegos (invaders, arkanoid, cosas así), películas, música, de todo. Como tengo el estómago revuelto y mucho sueño, decido pasar de cena y tratar de dormir: reclino asiento, me pongo un cojín sobre la cara y me quedo frito. Despierto con el tiempo justo de ver Kung-Fu Panda en la TV antes de aterrizar, además de preocuparme por el control de aduanas. Resulta que nos entregaron en el avión unos papeles para rellenar y entregar en aduanas, en los que había que decir qué cosas traías en plan ilegal y demás. Cuando llego a la parte de "material que infrinja la propiedad intelectual" casi me da algo: en el PC llevo juegos de DS y de GBA a montones, además de una carterita con unos 15 juegos de PC. Lo escondo todo como mejor puedo y bajamos del avión. Temores injustificados: tras el control de inmigración y recoger el equipaje, en el control de aduanas pasan de mi maleta olímpicamente. Son aproximadamente las 3 de la tarde, hora local. Nos encontramos con Tomasso (italiano) y Eric (gabacho, el pobre) y echamos un ojo a las opciones de transporte. La recomendada, 3000Y en autobús y unos 200 en metro. Rocío y yo nos vamos en otro: 3500Y por un billete de tren más una tarjeta con 1500Y válidos para metro. Para los profanos, imaginad que los yenes son pesetas, y vais bien. Nos perdemos por las estaciones de metro, y llegamos al hotel 3 horas más tarde, pero con una buena experiencia.

Saco de la maleta mi equipaje de mano para enviar el resto a mi residencia, subo a mi cuarto y me ducho. Dios, cómo lo necesitaba. Llamo para avisar de que estoy bien (me sale por 1000Y hablar 5 minutos) y bajo a recordar viejas caras y cenar. Nos vamos andando hasta una calle concurrida (luego descubriríamos que era Roppongi, el barrio de fiestas duras de Tokyo) y cenamos ramen. Buenísimo. Una delicia. Mientras volvemos al hotel (algunos, otros lucharon contra el jet-lag a su modo), unos tipos enormes y negros nos ofrecen entrar en un amago de cabaret. Ni siquiera los más festeros del grupo se atrevieron a entrar ahí; ya veremos si eso cambia con el tiempo. Llegamos al hotel y me echo a dormir, sin mucho éxito porque meterse un ramen entre pecho y espalda media hora antes de dormir no es una buena idea.

Humor: Muerto. Canción: La nana de Zelda.

Comienzan las andanzas de alguien

Muy buenas, queridos amigos. Como podeis ver, me he tirado una semana sin haceros ni caso, pero creedme si os digo que he tenido mis razones. Mucho que hacer, sin internet en mi piso... de hecho, ahora mismo estoy en plan "okupa internauta", sentado en una esquina de la calle. Espero que al dueño de la red no le importe que la use un rato. En fin, a lo que íbamos: comienza el juego. Os dejo con entradas de los primeros días, y espero poder actualizar de forma constante a partir de hoy. Un abrazo a todos, y hasta pronto.

Nota: aún no tengo fotos en el ordenador y voy con prisas, así que eso tendrá que esperar, pero merecen la pena, os lo prometo.

Humor: Con prisas. Película: La Red.